Saltar al contenido

Cuando una mamá vuelve a respirar

Mama abrazando hija


Mi nombre es Esmeralda Herrera Ramos y quiero compartir la experiencia de mi hija, una niña de 7 años que fue diagnosticada con autismo a los 3 años.

Durante mucho tiempo vivimos etapas muy difíciles. Había mucha alteración, problemas de sueño y momentos de crisis que como madre me llenaban de angustia. Ella estaba en seguimiento médico y con tratamiento indicado por sus especialistas.

En un momento del proceso, buscamos herramientas complementarias que pudieran apoyarla en su bienestar emocional y en su equilibrio. Así fue como conocimos la terapia de Biocuántica Energética Aplicada.

Acudimos con apertura y esperanza, siempre manteniendo el acompañamiento médico correspondiente.

Después de las primeras sesiones comenzamos a notar cambios en su estado anímico y en su disposición general. Mi hija empezó a dormir con mayor tranquilidad, a mostrarse más receptiva en casa y a expresar más interés por su entorno.

Recuerdo que al salir de una sesión me dijo:
“Mami, sentí algo muy bonito”.
Para mí, eso fue profundamente significativo.

Con el tiempo hemos observado que está más atenta, más participativa y con mayor conexión en pequeños momentos cotidianos. Cada avance, por pequeño que sea, para nosotros es enorme.

Sabemos que cada niño es diferente y que el acompañamiento profesional especializado es fundamental. Para nuestra familia, la terapia ha sido un apoyo complementario que nos ha dado esperanza, calma y herramientas adicionales en el proceso.

Como padres, seguimos haciendo todo lo que está en nuestras manos para acompañarla con amor, paciencia y responsabilidad.

Agradecemos a Dios y al terapeuta César Farías por el acompañamiento brindado.

— Esmeralda Herrera Ramos
(Testimonio compartido con autorización)