Soy Rossy, mamá de Brandon.
Mi hijo siempre ha sido un niño amoroso, con una luz muy especial. Sin embargo, enfrentábamos retos importantes en su lenguaje y comunicación. En la escuela nos señalaban que le costaba expresarse, y como mamá eso me dolía profundamente.
Brandon ya estaba en proceso de aprendizaje y seguimiento escolar, pero decidimos integrar la terapia de Biocuántica Energética Aplicada como acompañamiento complementario dentro de su desarrollo.
Al principio tenía dudas, investigué, pregunté, lo platiqué con mi familia. Finalmente decidimos intentarlo con apertura y responsabilidad.
Después de la primera sesión comenzamos a notar pequeños cambios en su disposición. Lo percibíamos más participativo, más atento y con mayor intención de comunicarse. No fue algo mágico ni instantáneo, fue progresivo… pero evidente para nosotros como padres.
Con el paso de los días empezó a mostrarse más interesado en escribir, a intentar copiar del pizarrón y a poner más atención cuando le explicábamos las letras.
Un día, después de enseñarle cómo se formaban algunas sílabas, sucedió algo que jamás olvidaré. Llegué a casa y Brandon se acercó con un lápiz. Pensé que había rayado la pared… y sí, la había rayado. Pero había escrito “mamá” dentro de un corazón.
Lo abracé con lágrimas en los ojos.
Para cualquier persona puede parecer algo pequeño. Para mí fue enorme.
También notamos que respondía más rápido cuando le hablábamos, que llegaba con sus trabajos terminados y que mostraba mayor confianza en la escuela.
Ya hemos asistido a una segunda sesión. Brandon ahora entra tranquilo y confiado.
Sabemos que el desarrollo infantil es un proceso que requiere constancia, apoyo profesional y paciencia. En nuestra experiencia, la terapia ha sido un acompañamiento complementario que ha sumado avances dentro del trabajo que ya realizamos con él.
Como mamá, cada pequeño logro es un universo completo.
— Rossy
(Testimonio compartido con autorización)
